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  • Radamés Rosado

Cuando todo no es suficiente

De pequeño, cuando podía ver el televisor, apenas tenía tres opciones de programación disponible. Adicional, el artefacto era en blanco y negro solamente y para ir de un canal a otro me tenía que levantar o recibir el regaño de que me iba a quedar ciego cuando quería hacer lo que se le hubiera llamado el famoso “channel surfing”. En aquel entonces, de eso no hace tanto, las opciones eran escasas. Los tenis deportivos, eran los mismos para todos. Las ‘bicis’ eran 'camellas' o de calle. La radio en la casa estaba sintonizada en la misma emisora. Los discos, o eran 33 ó 45 y sólo se escuchaban en el tocadiscos. Todas las alternativas se reducían a no más de tres o cuatro opciones y cuando queríamos variedad y alternativas, algo que definitivamente es inherente del ser humano, los “Koolee’s” los mezclábamos y con ello, expresábamos nuestra individualidad.



Desde esa misma perspectiva de las pocas alternativas, Al Ríes escribió sus respectivas leyes del mercadeo y de la marca. Por su parte, Howard Moskowitz, un sico-físico, que ha trabajado en la industria de la alimentación, investigando sabores, preferencias y tendencias de las personas; gracias a sus estudios, se desarrollaron alternativas múltiples para casi todo producto. Con su primer cliente, Pepsi comisionó encontrar el balance perfecto para su nuevo refresco de dieta. De ahí en adelante, del mismo refresco, se lograron 10 versiones. Al principio, se lanzaron todos los gurús a decir que las estrategias de productos múltiples no florecerían. Pero no fue así. Al igual que desde el ‘Big Bang’, las marcas han seguido en expansión.


Esto trajo consigo una cantidad adicional de opciones, para todos los manufactureros de productos; desde las salsa de espaguetis, hasta las pastas de dientes. Hoy día vamos al supermercado y vemos de la misma marca, una gama amplísima de productos que hacen lo mismo, pero prometen una experiencia diferente.


Lo mismo ocurre con la televisión. El otro día escuchaba a una colega quejarse que no había nada en la tele para ver. Me consta que en su hogar tienen Cable TV con el combo agrandado. Todos en la casa tienen su propio TV, con reproductor de DVD, y un sinnúmero de películas que han adquirido con los años (claro, el tema de la ausencia de libros es un tema para otra ocasión). Me aseguré de conocer cuántos canales habían disponibles, que sin contar los de música, son más de 300.


Y es que nunca va a parecer que mucho es demasiado. A pesar que tenemos cada vez más opciones de casi todo, creo que la inconformidad continúa propiciando que busquemos más alternativas para satisfacer nuestras necesidades.


Igual pasa con su producto o servicio. Innovar, ofrecer alternativas diferentes, nuevos métodos de distribución o una nueva manera de presentar la misma idea se convierte en una exigencia del mercado, a la cual debemos allanarnos y abrazar el sentido de la evolución para tener una oportunidad de éxito en el futuro.


Piense en sus productos o servicios, y mírelos desde la misma perspectiva que lo hacen los productos de consumo masivo. Si es una oficina dental, ¿qué tal ofrecer limpiezas bucales a la vez que el paciente recibe un masaje en los pies? O imagine que mientras le lavan el auto incluyen un servicio de brillado de zapatos sin costo adicional.


Encontrar maneras creativas de ofrecer un producto con una experiencia distinta y memorable es un reto asequible. El público, o sea, usted y yo, nosotros, vamos a buscar incesantemente mayores alternativas y opciones. Es, como dije, una característica puramente humana. Nos toca a nosotros evolucionar, y comprender esta dinámica.


Yo pienso, al igual que Darwin, la evolución de las especies, es un asunto de adaptabilidad, y tener la mayor cantidad de opciones para sobrevivir. Lo mismo ocurre con sus productos, servicio y marcas. Mientras, yo estaré pescando las alternativas para otra próxima columna.

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